En El Este...

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Mi corazón se acelera al pensarte y me vuelvo feliz al instante. Dibujar en el aire tu silueta me hace incluso sentir tu piel en mis manos y cerrar los ojos me hace sentir tu cálido beso en los labios.
Pero estás ausente.
Entonces mi corazón se acelera aún más en angustia, que además me presiona el pecho haciéndome difícil el respirar. Mis manos ahora temblorosas, caen rendidas a la gravedad y a la falta de esperanza, mis ojos se abren de golpe para dejar salir cuantiosas lágrimas de dolor mezclado en soledad.
No estás... nunca estuviste. Pero te extraño como si toda la vida hubieses estado a mi lado.

Empatía

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Su sonrisa iluminaba un espacio de al menos 5 metros cuadrados. No importa que aparentemente solo dijera estupideces todo el tiempo, su imaginación estaba en constante viaje y a veces sus palabras más que risas nos sacaban caras de sorpresa.
Si bien no es bella, cuando reía su rostro se tornaba hermoso y muchas veces me enamoré de ella. Las facciones de su cara escondían todo lo malo que hay en su persona y sin darme cuenta me perdía en su mirada. No la amo, pero cómo necesito de ella.

Ahora no sonríe, ha perdido la mejor de sus virtudes y mi alma está adolorida. Su semblante decaído deja ver con detalle extremo cada milímetro de pena, de frustración, de ira, de un conjunto de sentimientos horribles añejos en represión.
No hay pureza, no hay belleza en su mirar y ahora yo me pierdo en el abismo, ya no puedo mirar a sus ojos y sanar mi espíritu, ahora solo me contagia por defecto empático el pesar que tiene sobre sí.

Pero no la dejaré sola, no podría... ella compartió su vivaz alegría conmigo cuando la tenía y extirpó mi pesar. Si no puedo hacer nada por ella, al menos compartiré con ella la angustia, y cuando se me presente la oportunidad le regalaré una sonrisa, para que así ilumine nuestro espacio, mire hacia delante y se dé cuenta que no hay nada allí, ya que ella y yo construímos nuestros propios destinos.

Luna Lobos.

Jerarquía idiomática sentimental

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¿Existe la felicidad?, ¿se puede alcanzar? es una pregunta que más de una vez me han planteado y que más de una vez no he contestado, pero esta no es la ocasión.
Mucha gente se dice "Feliz" o "ser feliz" y es en esos momentos cuando me pregunto ¿cómo esta persona puede "ser feliz"? ¿es que le ocurrió algo tan grandioso y fenomenal que está perpetuamente feliz? ¿o se trata de alguien cuya vida solo ha tenido buenaventuras y ninguna desgracia que pudiera quitarle, aunque sea temporalmente, esa felicidad?. A esa gente no le creo.
En cambio esa persona que dice "estoy feliz" o "me siento feliz", es más creíble por que al decir esas palabras está dejando en claro que antes no fue feliz, o que lo fue, pero se le quito; o ke es, pero ya se la va a quitar. En pocas palabras, no es perpetuamente feliz, sino que solo temporalmente feliz. Bueno, es a esa gente a la que le creo más, pero es ahí cuando "la pregunta del millón" se me viene a la cabeza: ¿he sido yo, o he estado, o estoy feliz?. En ese instante me doy cuenta a mi pesar que, según yo, nunca he sido feliz, sino más bien he estado muy alegre, o a lo mejor ni siquiera eso. Solo he estado alegre o contento, por que recuerdo haber estado alegre muchas veces, pero nunca he estado feliz o quién sabe, en una de esas he estado feliz muchas veces y nunca he estado contento o alegre.
En otras palabras, la felicidad no es más que una palabra a la que le hemos... no... le he dado un "pero" demasiado enorme, cuando tal vez es una cuestión más idiomática esto de la felicidad.
Aún así, según mi "jerarquía idiomática sentimental" UNO NUNCA ES FELIZ.

Atte. Nephilim